Vipera latastei

Desde la primavera hasta final de verano los reptiles y anfibios son algo más protagonistas en el campo, y por supuesto en los paseos por el bosque tenemos oportunidad de encontrarlos.

Los anfibios, como el Bufo bufo o sapo común son activos por la noche, por lo que por el día suelen buscar un sitio oscuro y fresco donde quedarse, este sitio fue la entrada de casa la semana pasada, hasta que el pobre animal de tanto entrar y salir decidió que no era buen lugar y no le volvimos a ver.

Los reptiles los tenemos más presentes, ya que las lagartijas aparecen a cada paso especialmente a las horas de mayor insolación, es la regulación térmica de sus cuerpos de sangre fría lo que les hace asomarse a las rocas. Pero también las serpientes, como las víboras lo hacen. Este precioso ejemplar me permitió un par de fotos antes de guarecerse en un roquedo en posición defensiva.

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La víbora hocicuda (Vipera latastei) la podemos diferenciar por dibujo ondulado oscuro grisáceo a pardo sobre un tono más claro y por su hocico levantado. Las víboras a diferencia de las culebras poseen una cabeza en forma de flecha más pronunciada, menos redondeada, su cola más corta a veces es de amarilla a negra, simulando con un movimiento serpenteante ser un gusano para así atraer a sus presas.

Existen otras dos importantes especies de víboras en la Península; la víbora de áspid (Vipera aspis) propia de los Pirineos y la víbora de Seoane (Vipera seoanei) que se encuentra en el norte de España en la zona cantábrica.